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martes, 2 de noviembre de 2010

Que en paz descanse

Quiero aclarar que voy a escribir con las entrañas y que lo que voy a decir no es políticamente correcto. Es lo que siento y lo que alcanzo a razonar.

No voy a cambiar ahora mi punto de vista sobre NK. Lo que pensaba el 26/10 lo sigo pensando hoy.
El tipo no me gustaba y por lo tanto sigue sin gustarme.
Que se haya muerto no agrega nada a la figura del sujeto. Se murió, punto. Como nos vamos a morir todos.
Una muerte repentina no lo hace mejor.
No se murió Martin Luther King, ni Gandhi, ni la Madre Teresa.
Se murió un tipo que hizo de su vida política un enfrentamiento constante, que favoreció y estimuló las antinomias, que llenó de bronca, malos modos, desprecio, y falta de educación la sociedad argentina.
Se murió un tipo que se autodenominó como de la juventud revolucionaria y que en 1976 se escapó al sur ante el ruido del primer petardo, y fue amigo de los militares torturadores.
Se murió un tipo que se autoerigió como el defensor único de los derechos humanos, ignorando todo lo hecho por otros gobiernos, y al que nunca antes se le había conocido militancia social.
Se murió un tipo que cuando ardían los cuerpos de 200 personas en Cromagnon se escapó a refugiarse en su guarida sureña y que no apareció por la capital hasta tres días después.
Se murió un tipo que acrecentó su fortuna en 55 millones de dólares en dos años y que hizo desaparecer 500 millones de dólares.
Se murió un tipo que se agarró el testículo izquierdo cuando nombraron a un ex presidente en el congreso, dando muestras de su fascinante educación y que después negoció con el mismo ex presidente su voto en el senado.
Se murió un tipo que, lamentablemente, mostró lo peor de la sociedad en cuanto al respeto por el otro.
Se murió un tipo que a un porcentaje importante de la sociedad nunca respetó.
A la que siempre hostigó. Y no hablo de los que tienen guita, ellos se defienden solos, Me estoy refiriendo a los que simplemente no pensábamos como él.
Se murió un tipo que nunca debatió ideas. Que su forma de ejercer la política era tirar a la banquina al que no pensaba igual.
Se murió un tipo que no respetaba, al que no compartía su opinión. Más cuando se trata de gente que ha influido o influye en las vidas de la gente común como nosotros, como son los políticos.
No me puse a llorar cuando me enteré, pero la verdad es que tampoco me entristecí.
No me conmueve ver a su esposa al lado del féretro, ni a Hebe de Bonafini llorar.
Se murió un tipo que a mí no me gustó nunca, a pesar que en algunos o muchos casos he estado de acuerdo con lo que hacía. Pero no cómo lo hacía.
No estoy feliz, ni triste. Sigo muy preocupado por mi país y sus sufridos habitantes.

Cuando la muerte habla de los vivos‏

La muerte no mejora a nadie. No hace sinceros a los mentirosos, ni tolerantes a los intolerantes, ni dialoguistas a los monologuistas, ni honestos a los corruptos.

No hace flexibles a los rígidos, ni humildes a los soberbios, ni generosos a los mezquinos. Sin embargo, parece existir una primitiva y ancestral superstición según la cual hablar bien de los muertos hará que se aleje nuestra propia muerte, que la Parca nos olvide por un rato o que, si llega, nos espere un amable post-mortem. Quizá esto explique la actitud de tantos opositores políticos, ideológicos, éticos e intelectuales ante la muerte de un ex presidente argentino acaecida en estos días. Que sus seguidores lo lloraran es comprensible, que se sintieran huérfanos (como si sin él carecieran de ideas, recursos e identidad propios) se entiende por simple empatía. Pero a los otros, a los que hasta ayer (y desde mañana) se decían opuestos política y, sobre todo, moralmente a él, ¿qué les pasó? Hubo pocos silencios dignos (sobran los dedos de una mano para contarlos) y escasas opiniones sensatas, críticas y respetuosas, que respondían a la verdad de quien las emitía. ¿Y el resto? ¿Si tenían tanta admiración porque no la expresaron en vida de ese hombre? ¿Por oportunismo? ¿Por temor? ¿Por especulación? Y si lo que decían de él cuando vivía era verdad, ¿por qué no mantuvieron su verdad ahora? ¿Por oportunismo? ¿Por temor? ¿Por especulación? Antes o después, desde mi perspectiva, mintieron. No importa cuándo. Importa el hecho. Porque si bien es cierto que la muerte no mejora a nadie, muchas veces pone al desnudo a los vivos. La viveza de los vivos. La miseria de los vivos. Tampoco a ellos, llegado el día, los mejorará la muerte, por más méritos que intenten hacer hoy.